Fundacion Existencia Plena

La matización del sentido de las palabras

La matización del sentido de las palabras

El lenguaje como medio en el diálogo in-útero


La matización del sentido de las palabras

El lenguaje como medio en el diálogo in-útero

Por Sandra Arias, fundadora de la HaptoFonoEmbriología

El lenguaje es el mayor don que posee el hombre, pero el más arriesgado. Es ambivalente: puede ser tierno o cruel, amable o displicente, difusor de la verdad o propalador de la mentira. El lenguaje brinda posibilidades para descubrir en común la verdad y facilita recursos para tergiversar las cosas y sembrar la confusión.

Para comprender el poder fascinante del lenguaje llevado al diálogo in-útero debemos  focalizarnos en primera instancia en los términos y luego en la intencionalidad.

Pensemos en esto, la afirmación de que “la mujer tiene un cuerpo” está pulverizada por la mejor antropología filosófica desde hace casi un siglo. Ni la mujer ni el varón tenemos cuerpo; somos corpóreos. Hay un abismo entre ambas expresiones. El verbo tener es adecuado cuando se refiere a realidades poseíbles, es decir, a objetos. Pero el cuerpo humano, el de la mujer y el  del varón, no es algo poseíble, algo de lo que podamos disponer: es una vertiente de nuestro ser personal, como lo es el del espíritu. Te doy la mano para saludarte y sientes en ella la vibración de mi afecto personal. Es toda mi persona la que sale a tu encuentro. El hecho de que en la palma de mi mano vibre mi ser personal entero pone al trasluz que mi cuerpo no es un objeto. No hay objeto por excelente que sea que tenga este poder.

Si queremos ser de verdad libres interiormente debemos comenzar por matizar el sentido de las palabras que posibiliten experiencias de encuentro que nos lleva al pleno desarrollo de la personalidad.

La HaptoFonoEmbriología considera el diálogo a un correlato externo de un enfoque sin juicios que nos permite advertir instante tras instante todo lo que ocurre durante el encuentro.

Durante el diálogo in-útero, el niño intrauterino se encuentra atento a cualquier “voz” que aparezca en su espacio mental, en el espacio del ahora, escucha y siente y la madre o padre autores de “esa voz”, palpan,  y juntos sienten y comienzan a  conocer el espectro completo de todo lo que emerge, los vínculos que se establecen y su desaparición, y de cualquier impronta o efecto secundario que deje, sin enjuiciarla ni reaccionar ante ella (o conscientes, por el contrario, en el caso de que emerjan, de nuestros juicios y de nuestras reacciones). 

En el espacio de esta práctica se hace necesario que los padres gestantes se sientan seguros y abiertos, en el encuentro con el hijo por nacer, permanecer lo suficientemente abiertos y controlados como para hablar a la mente y al corazón de ese ser por nacer.

Nadie debe dominar el diálogo y de hecho dejaría de ser tal en el mismo momento en que alguien pretendiera controlarlo. De lo que se trata, muy el contrario, es de observar todo lo que aparece y de escuchar lo que dicen las ideas, opiniones, pensamientos y sentimientos, y absorberlo con un espíritu de investigación e intencionalidad profunda, lo mismo que acontece  cuando se realiza una  meditación,  se descansa en la consciencia y se considera todo lo que aparece como igualmente válido, lo escuchamos y lo conocemos sin corregir, ni preparar, sólo como se da. 

La comunicación que promueve la salud y el desarrollo se asienta en la escucha y en la participación, reflejos de la relación y del respeto. Independientemente de las diferencias que puedan existir, todas las visiones, opiniones y sentimientos de los integrantes de la ecuación prenatal son importantes. Ser tenido en cuenta, ser escuchado, ser visto y ser conocido resulta saludable. Y tales encuentros pueden abrir posibilidades, como sucede también en el encuentro abierto con uno mismo en el silencio y la calma.

Por todas estas razones, se hace necesario usar adecuadamente el concepto de “diálogo”, recordar el papel que desempeña y el modo en que realmente suele desplegarse, sobre todo en ausencia de conciencia e intencionalidad por parte de muchos padres que transitan el período de gestación. El término “diálogo” transmite el significado de hablar con alguien o de mantener una conversación que muy a menudo, tiene lugar en un clima de investigación profunda conjunta y abierta. La cualidad del espacio relacional es la clave para estas emergencias y aperturas.

No estaría de más asumir, este tipo de enfoque. Es probable que, con el tiempo, se propague entre toda la humanidad y adopten esta actitud, que el diálogo in-útero es la primera comunicación que recibe el ser por nacer y que los términos que utilizamos para dialogar con él sean escogidos con  intencionalidad en el respeto, la libertad, el  gradecimiento y el amor,  en cuyo caso, se convierte en una gran aventura compartida mucho más creativa y productiva para el futuro de la humanidad.

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