Fundacion Existencia Plena

La Alianza Sonido y Vida Intrauterina

La Alianza Sonido y Vida Intrauterina

El sonido impacta en el cerebro del niño por nacer

 afectando mente, memoria y  emociones.


¿Cómo logra el sonido superar las barreras del lenguaje para albergarse en lo más recóndito de nuestro interior? ¿De qué modo se erige en elemento distintivo frente a los demás? Más allá de tendencias o de las redes analíticas en las que tratamos de delimitarlo, hay una razón para todo ello. Nos la proporciona la HaptoFonoEmbriología junto al conocimiento e investigación de la neurociencia.

Te has preguntado alguna vez ¿Por qué necesito envolverme de sonido?. Somos nuestras necesidades, está claro.

Sin embargo, como en todo lo humano, por mucho que intentemos  imbuirlo de intelecto o espiritualidad, la magia ancestral y universal del sonido se reduce a una simple formulación química en nuestro centro de mando, ahí arriba. No es otra cosa que una secuencia de señales acústicas que nuestro oído capta y remite al cerebro, donde se descodifica para darle significado y poner en marcha el motor emocional que la hará finalmente comprensible. Que el contagio de tristezas o euforias sea unánime, culturalmente transversal, prácticamente idéntico en cualquier persona, sea cual sea su procedencia, revela que el potencial comunicativo del sonido es inmenso. ¿Por qué encerramos este milagro en un simple producto cultural o lo usamos como mero instrumento de entretenimiento, si podemos darle una utilidad aún mayor desde el estadío intrauterino?

El periodista científico alemán Christoph Drösser señala que “todo ser humano alberga una capacidad musical adormecida que, mediante estímulo y práctica, podría emerger”.

Nada tiene mayor impacto en el cerebro que la música; afecta a la memoria, las emociones. Sirve de terapia en algunas enfermedades nerviosas como la depresión, es uno de los contados nexos posibles con un niño autista, inocuo sedativo para cualquier persona. Hay sociedades sin cultura escrita, pero no las hay sin música: esta fomenta los lazos sociales y la empatía, actitudes que residen en las áreas del cerebro donde están las neuronas espejo, células que nos hacen ver las acciones e intenciones de los otros como propias, sentir el dolor o la alegría del prójimo, transmitir información profundamente emocional sin que se vea distorsionada por las palabras. No existe casi ninguna parte del cerebro que no se vea afectada por la música. Como en el caso del lenguaje, las mujeres la procesan con ambos hemisferios, los hombres solo con uno.

“Somos criaturas musicales de forma innata desde lo más profundo de nuestra naturaleza”, establece Stefan Koelsch, catedrático de la Universidad Libre de Berlín. “La música tiene la capacidad de ayudarnos a cambiar nuestro estado de ánimo si lo deseamos. Desde la neurociencia sabemos que el sonido es muy poderoso a la hora de activar en el cerebro cada una de nuestras estructuras emocionales. Es capaz de llegar a cualquier función cognitiva y afectiva del proceso mental y, por tanto, a su correspondiente estructura cerebral. Hemos visto que, gracias a las emociones que despierta, podemos modular la actividad en prácticamente cualquier estructura cerebral emocional. Esto significa que el sonido es capaz de evocar el núcleo mismo de las estructuras cerebrales responsables y creadoras de nuestro universo emocional, algo muy importante en las terapias donde aplicamos el sonido para ayudar a aquellos pacientes que padecen trastornos de sus estructuras cerebrales relacionados con las emociones”.

Uno de los hallazgos más propagados de Koelsch es haber descripto la superposición del lenguaje y el sonido, demostrando que ambos comparten la misma red, pero en su recorrido se apartan para especializarse. Ya que el cerebro no distingue entre música y lenguaje, la perseverancia de una melodía se explica en esta enmarañada alianza entre los sonidos y la palabra. Y aquí entra nuevamente en acción la memoria, esa losa sin la que nadie seríamos.

La HaptotoFonoEmbriología utiliza entonces el sonido para entrar en contacto con la esencia individual de cada ser.  

Siendo en la comunicación gestacional el instrumento, el nexo, la conexión de la madre con ella misma y  de comunión con su hijo por nacer.

Sandra Arias Fundadora de la HFE

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